"Mirar a cada uno/una con la mirada de Dios "

Encuentros con personas de la calle en París

Hace dos años y medio que trabajo tiempo parcial en la Asociación "Libertad a los Cautivos". Se trata de una asociación de inspiración católica que en 4 sectores de París, busca a las personas de la calle (SDF -Sin domicilio Fijo- y personas que se prostituyen). Lo específico de los Cautivos, es de ir al encuentro de las personas "con las manos vacías", no les llevamos ni sopa, ni alimento, ni ropa, sino que pasamos en días y horas fijas por el mismo recorrido, lo que permite encontrar frecuentemente a las mismas personas y crear relación con ellas.

Aun trabajando solamente tiempo parcial, encuentro a personas que están en condiciones muy precarias y a las mujeres que se prostituyen en el Bosque de Vincennes (en las afueras de París) porque voy con personas voluntarias (¡nunca vamos solos!). Doy 2 vueltas cada semana y también hago permanencia de acogida el martes en la tarde. Allí las personas que lo desean pueden llegar a buscar su correo y quedarse toda la tarde intercambiando, o con juegos de mesa, lo que resulta ser un medio de re-socialización. Allí, frecuentemente, dan un primer paso por regresar para un acompañamiento social.

Hermana Catherine

¡Decirles que me gusta mi trabajo es poco preciso! Realmente, en estos encuentros hay que estar totalmente presente y a la escucha, preparada a ser, de repente, rechazada (tienen derecho a no querer conversar y no es por su condición de personas de la calle que no tienen derecho a comer tranquilas "en su casa", en el pequeño espacio que ha llegado a "ser suyo", un rinconcito de la acera o unos metros en el andén del metro); pero también listo a escuchar confidencias, un trayecto de su historia o un pedacito de vida muy duro y lleno de rupturas, listos a charlar de la mujer que han dejado, los hijos que no han visto desde hace 15 o 20 años y que siguen vivos en su corazón, como un rincón de dulzura o de una herida… Algunos están a veces "fuera de la realidad" y repiten siempre el mismo relato, pero, incluso éstos, tienen siempre un rinconcito de sueño que sale a la superficie.

Para que la esperanza pueda renacer...
El lunes en la tarde, busco a las mujeres que se prostituyen en el Bosque de Vincennes. Es un medio que yo no conocía y fue para mí una gran sorpresa descubrir esta realidad frecuentemente muy sórdida, hay que señalarlo, pero también ver que acogida nos dan y que felices, como todas las mujeres del mundo, de hablar de sus hijos, de las preocupaciones en la familia, o de unos días de vacaciones que tomarán. Cuando la confianza aumenta y que nos conocemos mejor, pueden entonces expresar que están cansadas y asqueadas de lo que hacen; a veces es posible, entonces, con mucha delicadeza, lanzar ideas, buscar posibilidades de hacer otra cosa, de sugerir una ayuda…


Estos encuentros son frecuentemente conmovedores, a veces cuestionadores. Entonces es muy importante mirar a cada uno y cada una verdaderamente con la mirada de Dios y transmitirle algo de su ternura. En realidad, antes de comenzar una vuelta, las dos personas que saldremos juntas, tomamos siempre un momentico de oración para pedir al Señor que nos acompañe en estos encuentros y que podamos transmitirles algo de su amor.

Tendría también que contarles de la oración de la calle. Mensualmente proponemos un rato de oración preparado por la mañana con compartir de evangelio con quienes lo deseen. Al final de la oración, comemos juntos, los acogidos y los acogedores: ¡es siempre un momento importante de felicidad!

Cuando regreso a la fraternidad, es la oportunidad de interceder y muchas veces desfilan unos y otros en la oración.

En la capilla de la fraternidad

Para mí, este trabajo es un verdadero regalo de la Providencia, y frecuentemente recuerdo esta frase que el Hermano Carlos escribía a Luis Massignon en agosto 1916: "Creo que no hay un palabra del Evangelio que me haya dejado más profunda impresión y haya transformado tanto mi vida como ésta: "Todo lo que hagan a uno de los más pequeñitos, es a mí que lo hacen". Si pensamos que estas palabras fueron pronunciadas por la verdad increada, que también dijo: "Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre", con qué fuerza estamos impelidos a buscar y a amar a Jesús en estos "pequeñitos"; estos pecadores y todos estos pobres, llevando esos medios espirituales en vista a la conversión de las almas y todos los medios materiales para el alivio de las miserias temporales".

Hna. Catherine



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