JMJ tiempo de compartir tu fe, tu esperanza y tu amor

Hnita Lourdes y Hnita Lourdes, nos comparten un poco su alegría y experiencia de su participación en la JMJ en Panamá. Les dejamos a través de este escrito un pequeño testimonio de esta vivencia de fe y de comunión.

 

Qué hermoso es dejarse sorprender por lo inesperado:
Nuestra aventura comenzó desde la realización de diversas actividades realizadas en Jalapa Guatemala. Llegado el momento, nos dispusimos a viajar hacia Panamá, pasando por el Salvador para visitar los lugares santos por donde pasó, “San Oscar Romero” y muchos otros testigos de la fe que dieron su vida por su pueblo. Luego por Costa Rica, dejándonos preceder por la música y el canto del Himno de la JMJ 2019 de Panamá, impregnados por el deseo de ser Jóvenes testigos y discípulos con alegría, fe y vocación; país, en que tuvo lugar nuestra pre-jornada y en donde vivimos una experiencia sorprendente con la Fraternidad Laica de la espiritualidad de Hermano Carlos de Foucauld que nos recibió con mucha alegría. Al igual nos encontramos con algunos miembros de la parroquia el Cairo de la Diócesis de Limón, con quienes compartimos estrechamente nuestra amistad y vida de fe. Fue un tiempo de gracia, de encuentro y de reafirmación de nuestra pertenencia a una gran familia, la familia cristiana y universal.



¡Acrecienta tu fe y tu alegría, compartiéndola! ¡Agranda tu corazón amando!
Estas dos frases acompañaban nuestra peregrinación hacia la JMJ de Panamá. Encuentro que ha sido una riqueza de escucha entre generaciones, riqueza del intercambio con culturas muy diferentes a la nuestra. Fue un aprendizaje y un recordatorio que somos necesitados unos de otros para crecer en todos los aspectos de la vida. La JMJ es la fiesta de la fe y de la Alegría, es difícil quedarte insensible, callado o estático frente a tanto derroche de emociones. Es un espacio de compartir, bailar, formase, desvelarse, cansarse de tanto caminar, contagiar y contagiarse de la belleza de la fe y el amor compartido. Llegamos jóvenes de muy diversas razas y lenguas, pero eso no impidió vivir juntos nuestra fe. Aprendimos a hablar el lenguaje de Cristo que es el AMOR. Panamá nos acogió como reyes y reinas y aprendimos, con ellos, a disfrutar al máximo del sol y del calor, como de la aglomeración de tantas personas deseosas de encontrarse con el Dios amigo y peregrino que nos precede en todo momento. En esta celebración estuvo bien presente esta gran Mujer: “la Madre de Dios”, la primera en el camino del don, del servicio, del discipulado y del anonadamiento… que como ella podamos decir “He aquí la sierva del Señor, hágase en mi según tu Palabra”, y seamos constructores de puentes en nuestro mundo, que amemos y abracemos nuestra realidad, nuestra Iglesia, nuestra sociedad para poder transformarla y salvarla.