En la acción de gracias por Mons. Romero

Monseñor Romero ha sido beatificado el 23 de mayo 2015 en San Salvador.

Una gran fiesta para el pueblo salvadoreño igualmente para la Fraternidad de las Hermanitas del Evangelio, pues fue Mons. Romero quien había pedido la fundación de la Fraternidad en El Salvador.


« Yo no les ofrezco, ninguna seguridad.
Mi invitación es una invitación
al riesgo por el Evangelio… »
(Mgr Romero)

 

Las hermanitas de la fraternidad de Mejicanos en San Salvador nos relatan  la historia de Monseñor Romero, y la alegría que trae su beatificación:
Para responder a la llamada de Mons. Romero las primeras hermanas llegaron a El Salvador, justo después de su muerte, en marzo de 1982 y desde ese día hemos intentado arriesgarnos por el Evangelio con su pueblo:

Damos gracias a Mons. Romero que nos llamó, a nosotras, Hermanitas del Evangelio, a venir para servir a su pueblo, algunos meses antes de su muerte, diciéndonos: « Yo no les ofrezco ninguna seguridad. Mi invitación es una invitación al riesgo por el Evangelio…”

Monseñor Romero, mártir por amor a los pobres.

35 años han pasado después del asesinato de Monseñor Romero, beatificado el sábado 23 de mayo 2015 en EL Salvador. Es una gran alegría para todo el pueblo, la Iglesia de El Salvador y de América Latina. Nos parece importante que la Iglesia lo haya declarado mártir, pues así, su búsqueda y su lucha infatigable de la verdad y la justicia han sido reconocidas como camino evangélico.

Monseñor Romero era arzobispo de San Salvador desde hacia tres años cuando fue asesinado durante una Eucaristía el 24 de marzo de 1980 al momento de preparar el pan y el vino para ofrecerlo a Dios, y fue su vida la que él ofreció, la que se hizo Eucaristía. En su última homilía, ese mismo día, justo antes del momento crucial, él dijo : « Que este Cuerpo inmolado, que esta Sangre sacrificada por los hombres nos alimenten también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre por el sufrimiento y el dolor, como Cristo, no para sí mismo, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo. »  Él sabía que estaba amenazado, que su muerte estaba cerca, en continuidad de numerosos sacerdotes y catequistas martirizados antes que él, desde 1977.  

La Iglesia del país ha sabido poner en práctica el Concilio Vaticano II y las Conferencias Episcopales de América Latina de Medellín y de Puebla lo han encarnado en la realidad del continente. A partir de ese momento la Iglesia ha tomado posición clara de la opción por los pobres y en nombre del Evangelio muchos han ofrecido su propia vida por esta causa. En El Salvador, en los años 70, el pueblo estaba oprimido por una docena de familias, grandes terratenientes, que eran de la clase dirigente con la Fuerza Armada.

 


En el contexto social de la época, por su toma de posición en favor de los campesinos, de los obreros y de todos los que estaban explotados, la Iglesia salvadoreña empezó a ser perseguida: sacerdotes, catequistas, agentes de pastoral y todos los y las que tomaron la defensa de los derechos del pueblo.


Monseñor Romero, verdadero pastor de su pueblo se hizo acompañante y defensor de todas las víctimas no importando quien fuera.

Escuchando los numerosos testimonios de los que conocieron a Monseñor Romero, nos admiramos de su disponibilidad para acoger y escuchar los familiares de los desaparecidos; para ayudarles, él fundó una Comisión Jurídica a fin de investigar y denunciar los crímenes perpetrados por la Fuerza Armada y por los paramilitares unidos a los dirigentes.

El dolor y el sufrimiento de su pueblo transformaron a Monseñor, de un obispo tradicional a un Profeta: la voz de los sin voz. Esta voz era escuchada cada domingo, dentro y fuera del país, a través de la radio diocesana que transmitía sus homilías y que se había convertido en la cita dominical con su pueblo. Sus homilías eran una catequesis bíblica, evangélica y un informe de la realidad eclesial, social y de los hechos violentos de la semana: visitas, fiestas, gestos y mensajes de solidaridad provenientes de dentro y fuera del país, y todas las atrocidades que había sufriendo el pueblo en el transcurso de la semana… A causa de sus palabras iluminadas por la Palabra de Dios y de sus interpelaciones públicas al gobierno se convirtió en una persona peligrosa, tratada de « comunista ». Su última homilía del 23 de marzo fue el detonador de su muerte cuando con una voz firme y valiente se dirigió al gobierno y a la Fuerza Armada: « Hermanos, ustedes son del mismo pueblo, ustedes matan a sus propios hermanos campesinos y delante de una orden de matar que de un hombre, debe prevalecer la Ley de Dios que dice: NO MATARAS… Ningún soldado está obligado a obedecer una orden que va contra la Ley de Dios… una ley inmoral nadie está obligado a cumplirla… ahora es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan a su conciencia antes que a la ley del pecado… La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada delante de tanta abominación. Nosotros queremos que el Gobierno tome en serio esto, que las reformas no sirven de nada sin van teñidas con tanta sangre… En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosamente, yo les suplico, les pido, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!»



El papa Francisco acelerando el proceso de beatificación ha permitido quitar la sombra de polarización que pesaba  sobre él y ha puesto en evidencia el amor de un verdadero pastor, aún si todo el pueblo de EL Salvador y América Latina no había esperado este día para declararlo, desde su muerte, « San Romero de América ». El  Papa Francisco también puso en relieve su amor y su fidelidad a la Iglesia traducida por su lema episcopal:  « Sentir con la Iglesia »

 

Con el pueblo presente este 23 de mayo 2015, las hermanitas se alegran de la beatificación de Monseñor Romero, día de fiesta para toda la Iglesia que ha sabido reconocer la voz profética de este hombre apasionado de Dios. Su voz sigue resonando todavía y nos empuja a vivir el Evangelio con radicalidad y a luchar por un mundo de justicia y de paz.

« ¡Que viva  Monseñor Romero ! »