Canonización de Mons. Romero

Las Hermanitas Chantal e Iris, de misión en Jalapa Guatemala, nos comparten su experiencia vivencial de la fiesta de canonización de Mons. Romero.

 

El trece de octubre hemos participado en la fiesta de la canonización de Monseñor Romero, junto con nuestras hermanas de EL Salvador y dos amigas de Jalapa con quienes hemos vivido esta bella fiesta de la Iglesia universal. Fue un momento solemne, entre cantos, slogans, gritos y llanto… la alegría de tener un hermano nuestro y de nuestro tiempo en los altares nos hace rebosar de alegría.

Muchos sentimientos han surgido en esa ocasión: inmensa alegría y emoción que expresaban esa gran asamblea del pueblo santo de Dios reunida frente a Catedral de San Salvador en espera del gran momento en que el Papa Francisco nombrara a “San Romero” como modelo de vida para todo cristiano. Era una gran expresión del amor que su pueblo tiene por su pastor expresado a través de cantos, danzas, gritos, teatro. Hemos celebrado una bella peregrinación y una bella Eucaristía que alimentó la fe, la esperanza y la lucha de quienes participamos en ella.



 

Encontramos mucha gente de todas las edades felices de saber a su hermano reconocido por toda la Iglesia como un buen ejemplo a seguir y, reconocida en él la lucha de todo el pueblo pequeño y sufriente. Bello y emotivo momento en que escuchamos en directo al Papa Francisco anunciar la santidad del obispo, hermano, amigo y buen pastor. Muchas lágrimas rodaban por los rostros de tanta gente, eran lágrimas de alegría de consuelo, de reconocimiento, de justicia y de acogida. Ahora es San Romero de América para el mundo.

Y ahora ¿qué nos dice San Romero? ¿Cómo comprender la realidad humana y social de nuestras tierras y nuestro tiempo? ¿cómo seguir defendiendo la vida?
San Romero, tuvo el valor de iluminar la realidad de su tiempo que era violenta como la nuestra hoy. Retomemos con él y con todos nuestros mártires, presididos por Jesús de Nazaret, el valor de llevar la luz de la justicia y avancemos sin miedo hacia la construcción de un mundo más humano y justo donde todos tengamos un lugar y vivamos en paz.


Que el testimonio de vida de San Romero anime nuestras luchas y compromisos por la dignidad de toda persona y por la defensa del don de la vida. Vamos sin miedo porque Dios camina con nosotros su pueblo.


Hnitas Chantal e Iris