Compartir fraternal

Hermanita Zussel, nos comparte la alegría de compartir la vida en fraternidad. Encuentros que dinamizan la vida de nuestra Congregación o familia religiosa:

Aunque pocos, estos días en tierras guatemaltecas estuvieron cargados de emociones. En nuestras fraternidades no con frecuencia nos reunimos todas, pero cuando lo hacemos, intentamos compartir al “máximo”. Comenzar estos días con la alegría de los votos de Claudia, ha sido una gracia. Con la entrega de su sí generoso, hemos reafirmado nuestro deseo de seguir acompañando humildemente a nuestro pueblo en sus sufrimientos, en sus penas, en sus alegrías y en sus luchas por transformar esta sociedad en una sociedad justa y pacífica. Fue la antesala a nuestro compartir del Nazaret de nuestras fraternidades en el transcurso del año pasado.





Lo vivido en cada fraternidad, ha sido motivo de acción de gracias y de compromiso por mantener nuestros lazos de comunión. La reflexión sobre la realidad de nuestros pueblos centroamericanos, nos ha abierto mucho más la mirada y ensanchado el corazón para la escucha de quienes sufren porque son descartados (as) por la sociedad de nuestro tiempo, víctimas sobre todo de la pobreza actual como es la migración y la trata. Los gemidos de nuestra casa común nos piden una mayor conciencia ecológica y la juventud de nuestro tiempo nos exige caminar a sus ritmos y a sus nuevas formas.

Estos días de encuentro y reflexión nos han interpelado en nuestra fidelidad a la espiritualidad para vivir el Nazaret de cada día, en atención a los signos de los tiempos de cada pueblo y  a cada persona con la cual caminamos e intentamos crear lazos de verdadera amistad.

Un gran agradecimiento a Bruna, nuestra hermanita del Concejo General que vino desde Francia para compartir la vida de cada Fraternidad y nuestro encuentro común. ¡Qué hermoso cuando El Salvador y Guatemala se unen para vivir el don maravilloso de ser hermanas y amigas! cada una caminando según la realidad de su pueblo, pero muy unidas a través del espíritu que nos mueve, nos desafía, nos sigue invitando a anunciar el Reino de Dios desde los pequeños, para hacer de nuestra Iglesia, una Iglesia pobre y para los pobres, tal como nos invita nuestro querido Papa Francisco.

Con gran cariño: Hermanita Zussel