El Jubileo de la Misericordia

La Hermana Maribel de nacionalidad salvadoreña, nos comparte una de las bellas experiencias de misión y de misericordia vividas en estos tiempos en las queridas tierras guatemaltecas, y nos invita a salir, como discípulos, al encuentro del hermano y la hermana:

“El Jubileo extraordinario de la Misericordia, que la Iglesia está celebrando, ilumina también de modo especial la Jornada Mundial de las Misiones 2016: nos invita a ver la misión ad gentes como una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material. En efecto, en esta Jornada Mundial de las Misiones, todos estamos invitados a «salir», como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana.” (Mensaje del papa Francisco, jornada mundial de oración por las vocaciones 2016)


Así comienza el papa Francisco su mensaje en este día especial en que pedimos por todas las misiones que en el mundo anuncian a ese Dios de misericordia y ternura.. De ese mandato y de ese Dios soy testiga en este pedacito de tierra de Guatemala, de esta gente que cada vez me evangeliza por su sencillez y su deseo de llevar a los demás ese Jesucristo con el que ellas se han encontrado.

Esta experiencia la pude vivir muy fuerte hace algunos días cuando algunas personas de nuestra comunidad decidieron ir a visitar algunos enfermos y familias que están pasando por situaciones muy dolorosas, a una de las aldeas que se ubican en la montaña, yo tuve el gusto de acompañarles y dar gracias a Dios por esta gente sencilla a quien ha revelado su Misterio. Éramos unas 15 personas entre niños, niñas, adolescentes, adultos y adultos mayores que nos encaminamos en esta pequeña aventura. Fue un día lleno de Sol, para nosotros que íbamos y para las personas que nos estaban esperando desde muy temprano en sus casas: con un altar para poder pedir desde allí al Dios de la Vida, con cafecito con pan, con un corazón acogedor de la Palabra de Dios y con los brazos abiertos para llenarnos de su cariño.


En este mes misionero doy gracias a Dios por haberme permitido vivir esta experiencia de caminar, de cansancio, de risa, de sorpresas en el camino; pero sobretodo de haber podido llevar al Dios de la misericordia, la ternura y la Vida allí donde más se necesita.


Y te pido que me sigas haciendo cantar:
“Llévame donde la gente necesite tus palabras, necesite mis ganas de vivir… donde falte la esperanza donde falte la alegría, simplemente por no saber de TI”
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