La Migración

Hermana Marysa, de nacionalidad francesa y de misión en El Salvador, nos comparte su experiencia con las personas indocumentadas que regresan al pais, deportados sin haber podido realizar el llamado "sueño norteamericano":

"Les quiero compartir una realidad del país de El Salvador que descubrí de una manera más intensa desde febrero 2015: La migración.

Como en todos los países pobres, violentos y en guerra a través del mundo, la migración hace parte de la historia de El Salvador. Cada día centenares de hombres, mujeres, niños, niñas y adolescentes salen de su casa, de su pueblo en busca de un futuro mejor, de un país más seguro, hacia Estados Unidos principalmente. Desde febrero 2015 participo en un grupo de religiosas que se hace presente en el Centro de acogida de Migración donde llegan los deportados.

Cada día, de lunes a viernes, llegan buses de México y son entre 150 y 300 deportados que no pudieron alcanzar la meta prometida y regresan a El Salvador. Los martes es el día que voy porque deportan las familias y adolescentes además de adultos.





El personal de Migración nos ha pedido nuestra colaboración para la atención a los niños y niñas que vuelven con sus familiares: papa, mama, hermanos o hermanas, algunas veces tías o abuelas. Tienen entre algunos meses y 13 años. En un pequeño salón tratamos de jugar y hacer actividades lúdicas con ellos para que la espera no se haga larga y aburrida. Algunas veces ni quieren irse cuando la mama o el papa vienen a buscarles.





Podemos también hablar con los adultos que esperan su turno para la entrevista y con las familias que vienen a buscar a los adolescentes que han viajado solos. Es así que escuchamos el drama de muchas familias que han tenido que dejar todo en busca de una oportunidad para una vida mejor. Varios han intentado 2 o 3 veces sin éxito pero no pierden esperanza que un día lograran. Los adolescentes, hombres y mujeres, se van a causa de las amenazas de las pandillas, a veces han tenido que dejar el estudio y quedarse encerrados en su casa para que no les agarren los pandilleros y no les maten, por eso se van con las familias que están ya en Estados Unidos, pero pocos logran pasar. Cada historia es única y descubrimos una realidad dura, dolorosa y peligrosa, fruto de nuestra situación de pobreza, de injusticia y de violencia. Hoy, como es el ambiente de nuestro país, no va a parar el flujo de salvadoreños y salvadoreñas que salen fuera del país en busca de un futuro mejor y más seguro. Hace ya más de 30 años decía Monseñor Romero el 3 de septiembre 1978:” es triste tener que dejar la patria porque en la patria no hay un orden justo donde puedan encontrar trabajo” y podemos añadir hoy, seguridad. En la semana santa de este año, fui para la misión en una zona rural del país y encontré las familias que tienen varios miembros fuera del país y son ellos que les ayudan porque sus campos nos les da lo suficiente para hacer vivir a la familia y permitir a los hijos de estudiar. ¿Cuando el país ofrecerá las condiciones de una vida digna que no obliga a migrar? y ¿cuando los países de destino abrirán sus fronteras a la gente que pide entrar? ¿Es una utopía o podrá un día hacerse realidad? "