La misión

En marzo 2015, alrededor de veinte hermanitas de Francia y de Italia se encontraron para compartir sobre la misión al día de hoy. Aquí van algunos puntos del compartir personal de algunas de ellas.


En el corazón de la misión, la historia de cada una

Lo que me ha gustado de la Fraternidad, no ha sido primero el anuncio del Evangelio. Me ha seducido el descubrimiento de Jesús de Nazaret, su humildad, su cercanía para con los pobres y los pequeños hasta identificarse con ellos, pero también la manera de rezar de la Fraternidad hecha de contemplación, del don de uno mismo, de intercesión, de escucha de la Palabra de Dios que rinde la vida habitada por el Espíritu del Señor.
En aquel momento yo concebía mi misión como la de Juan el Bautista: dar testimonio de Jesús, decir su presencia y después retirarme dejando al otro la iniciativa del encuentro directo con Jesús sin pasar por mí.
Después, compartiendo la vida de los pobres, me di cuenta de que la amistad no pide solamente el compartir de las cosas materiales, pero también el compartir de todo lo que me hace vivir y, entonces, también de mi experiencia de Dios. Es así que la necesidad del anuncio se me impuso. Pero, cómo ¿anunciarle? No ha sido siempre fácil!


Para mí, la misión ha sido y es plasmada por toda mi historia, especialmente lo vivido en mi infancia. Niña viviendo en una familia adoptiva, allí toma raíz la misión. El amor y la fidelidad de mis padres adoptivos me han permitido  reconstruirme y encontrar a Dios como un Padre que me ama; ese padre quiere la felicidad de todos sus hijos. Hice la experiencia. Hice también la experiencia del encuentro con Jesús que me ama, del « si quieres, sígueme en la verdad de lo que tú eres en el profundo de ti misma »; eso ha cambiado mi vida.
Son esas experiencias que llenan mi corazón,  que yo deseo comunicar a todos especialmente a los que son mal amados, porque esas experiencias son fuente de paz y de verdadera felicidad. Exigen un gran respeto de las personas  para no violentar su libertad.


La experiencia de los años vividos en El Salvador, en la cárcel de Nueva York, en la fraternidad de acogida en Saint Denis (Francia), en Caritas  y en la cárcel de Villepinte (Francia) me han hecho tocar con la mano cómo y cuánto el Evangelio está en mi piel, en mis manos, en mi corazón, en todo mi ser. Imposible no evangelizar! Imposible no ser apóstoles, misioneros! Me quema adentro!


Me siento bien lejana del voluntarismo que me animaba cuando entré en la Fraternidad!.....
La misión se convirtió más bien en un camino abierto donde en la humildad y la conversión personal, dejaría Dios decirse Él mismo……lo que en nada disminuye la exigencia del anuncio! «Ay de mí si no anuncio el Evangelio! »



En el corazón de la misión, la relación

Hacer camino con los gitanos……hace ya casi 28 años.
Pienso que es importante el testimonio del amor fraterno con sus altos y bajos….Es lo que impactó a nuestros amigos. Puede haber unas diferencias   entre nosotras y un día uno de ellos nos preguntó: » ¿cómo hacen cuando pelean?» Nos pusimos a reír y contestamos: » nos pedimos perdón ».


La evangelización puede pasar, efectivamente, por cosa bien sencillas. En la cárcel, por ejemplo, había que prever las celebraciones, buscar el sacerdote si necesario, etc…, pero era también importante ir a buscar noticias del perro dejado a los vecinos al momento de ser detenido, de manera que el preso pueda estar tranquilo. Me acuerdo de otro que me contaba de que una hermanita le había proporcionado unas baterías para su radio cuando ya no había en la tienda de la cárcel… Ser capellán, sí, pero más aún intentar de ser una hermana para ellos.


Mi participación a las acciones de Cáritas para la gente de la calle es muy poca cosa! Pero las personas encontradas no son, en primer lugar, unos « problemas »….sino unos hermanos a encontrar, a escuchar, a amar… sobre todo cuando no son amables, ni atrayentes. El Padre Voillaume decía ya en 1997: «  Puede ser que estamos entrando en una época de la historia del género humano que será el tiempo de la compasión, en la impotencia de encontrar soluciones a los problemas que se presentan. Tendremos, más que nunca, que ofrecernos en intercesión, en comunión al sacrificio del Señor, sumergiéndonos en su Eucaristía para suplicar a la misericordia de nuestro Salvador de difundirse sobre todos los hombres. »

 

En el corazón de la misión, la Palabra de Dios

Una constante sería tener grupos de Biblia que permitan a los cristianos de enraizarse profundamente en su fe.

Lo he vivido en distintas fraternidades, aún si eran grupos pequeños.
Un cambio: pasar a una sociedad descristianizada cómo aquí (en Europa), hay que pensar la misión de manera distinta.


Hay que hacer todo lo posible para que nazcan grupos fraternos alrededor de la Palabra de Dios.
Poner el acento sobre lo que dice Dios, en vez de lo que decimos nosotros de Él. Es un largo camino para conocer a Dios, camino a hacerse con los demás, escuela de humildad. Poco a poco surgirá desde lo borroso, desde la neblina, el rostro del Bien-Amado y reconoceremos una persona viva.


En el corazón de la misión, la oración


Me llama la atención cuanto las personas con las cuales vivimos cuentan con nuestra oración y que, cristianos o no, se sientan a través de nuestra presencia y nuestra vida de oración, cómo vinculados a Dios, bajo la protección de Dios.
Para mí, es también un llamado y un estímulo a vivir la dimensión de oración de intercesión.

 


Nuestra vida contemplativa hace parte de nuestra misión, y puede ser aún más, en un mundo tan agitado y al mismo tiempo en búsqueda de sentido, en búsqueda de Dios.
Misión de intercesión….Misión de mirar a nuestro mundo y a cada persona con una mirada contemplativa…Misión de ofrecer unos espacios de silencio, de oración, de retiro…



 

« Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos (nuestros hermanos y hermanas)… La misión es lo que el Amor no puede callar » Papa Francisco

 

« No reduzcan las ambiciones de su corazón. Que su corazón pueda convertirse en el corazón de un pastor al imagen del Corazón de Jesús »  Padre Voillaume