Acompañar a una comunidad cristiana en tierra indígena

Domingo 13 de abril 2014: Desde la aurora, estábamos en la calle ¡tomando el primer bus hacia Guatemala!
Había vuelto a El Salvador un mes antes, después de varios años en mi país (Italia) por motivos familiares, y ahora recibimos el llamado a acompañar en Semana Santa a una comunidad cristiana en tierra indígena katchiquel, diócesis de Chimaltenango, Guatemala.


Éramos dos, Marisa y yo en viaje hacia aquel lugar. Para decirlo, éramos seis hermanitas que nos preparábamos para acompañar a tres comunidades en Guatemala,yendo de dos en dos.
Personalmente, ¡era mi primera experiencia de vida y anuncio en una poblacion indígena! Partí “ ligera “, el Señor nos habría indicado qué pasos dar…

Ademas, iba a vivir estos dias con mi hermana Marisa que había ya vivido dos Semanas Santas en esa región.

Tierra difícil de cultivar, desde más de veinte años es el cultivo de la mora para la exportación lo que permite a la población una entrada segura …trabajo desarrollado por toda la familia, pequeños y grandes.

 

Un primer impacto: el silencio..y la voz de las personas, que parecía nacer del mismo silencio… y la oscuridad de la noche  (¡no había luz pública!)

¿Primeros signos de una realidad más cercana a los ritmos naturales? Los niños parecían tener miedo de nosotras… ¿será posible acercarlos?

Me encontré en “otro mundo”: todas las mujeres en traje típico, desde… ¡los 2 años de edad!

Mas son otras las impresiones que se imprimieron en mi corazón, que tienen sabor a Reino… simplicidad y rectitud de vida, familias unidas con gran respeto entre padres y hijos e viceversa, profundidad de la fe, fuerza moral , unidad de la comunidad parroquial : ¡253 familias de 260 viven la misma fe!

 

En la “ Semana Mayor”, todo el tiempo posible fue dedicado a las celebraciones y a la profundización de la fe…

Algunas de las propuestas que ofrecimos : crecimiento en la fe con niños y niñas y con los y las jóvenes,
charla para parejas,
visita a los enfermos,
taller para aprender cantos…

y el vivir juntos toda la riqueza de la liturgia, la del Triduo Pascual y de los días anteriores !

 

TODA LA ALDEA PARTICIPÓ A LAS PROCESIONES Y LITURGIAS EN FORMA ORANTE. ESO ME HA AYUDADO EN LA CONTEMPLACIÓN DEL SEÑOR… …
 
Y DE SU AMOR MÁS FUERTE QUE LA MUERTE !

La calle que atravesaba la aldea se teñía poco a poco de todos los colores maravillosos de los wipiles… …de las flores que las mujeres traían … ...¡y de las alfombras de aserrín que recorrían toda la aldea, hechas con arte por los habitantes, para que las imágenes de las procesiones pudieran descansar dignamente durante las estaciones!


Toda esta fuerte vivencia como Iglesia que celebra y canta la Pascua del Señor fue posible gracias a la dedicación de un grupo de “ministros” de la Comunidad y de su labor incansable en la atención a los enfermos, en la preparación y coordinación en vista de las celebraciones, en su colaboración con el párroco, que vino a celebrar el Triduo, y con nosotras...

¡Gracias de corazón, hermanos ! La conclusión feliz de nuestra misión, en la tarde del día de Pascua, fue el encuentro con las demás hermanas que también habían acompañado dos comunidades cristianas en Semana Santa. Pasamos por la nueva fraternidad de Jalapa, en Guatemala… como los discípulos, llenas de alegría al volver después de una misión, ¡cerca de Jesús!