MISIÓN: Pasión por Dios, Pasión por el ser humano

La Iglesia es misionera por naturaleza, y toma su origen en la misión del Hijo y del Espíritu Santo por designio del Padre. La misión es la respuesta a un Amor recibido de Dios y lo depositamos por amor en el corazón de cada persona. Nuestra misión es la acción Trinitaria en el corazón del mundo.


Por eso, podemos afirmar que nuestra ¡VIDA ES MISION! La misión de la Iglesia y nuestra propia misión se fundamentan en la comunión y participación de la Verdad, el Amor y la Vida de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En el mes de octubre, la Iglesia nos ofrece el espacio concreto de acercarnos a la misión de muchas maneras. En este mes celebramos el DOMUN (Domingo mundial de las misiones), ocasión de abrir nuevos horizontes a la misión.


La Iglesia no se entiende sin la misión. Pero la Iglesia no crea ni inventa la misión, ella es heredera de la misión trinitaria, revelada por Jesús de Nazaret. Por lo tanto, la Iglesia es misionera; esta es su identidad, su razón de ser y de existir. La misión no pertenece a una clase social o a un grupo selecto de personas. La misión es tarea de todo cristiano y de toda cristiana. Esta misión, no es una tarea opcional, sino parte integrante de su identidad; es un derecho y un deber. Estamos llamados y llamadas en el corazón del mundo a ser sal y luz.

Nuestra misión no se limita a un programa o un proyecto, va más allá: a compartir la experiencia del encuentro con Jesucristo vivo, testimoniarlo, anunciarlo a todos los confines del mundo. Somos misioneras/os para proclamar el Evangelio de Jesucristo y, en él, la Buena Nueva de la dignidad humana, de la igualdad de toda persona, de la familia y de la vida en su totalidad…

Es del cristiano, ser misionero y debe cuestionarnos también como San Pablo: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1Cor 9,16). Todos y cada uno estamos enviados a evangelizar y a gritar el evangelio con toda nuestra vida a todo el mundo, a compartir la pasión por Jesús y por su pueblo que llevamos dentro.

Como dice el Papa Francisco: “el evangelio es fuente de alegría y liberación para todas/os”, esto nos debe llevar a acompañar y animar los procesos de una relación personal con Jesucristo vivo.


La misión en la Iglesia tiene varios rostros y diferentes maneras de vivirla. Dentro de la misión única y universal de la Iglesia, cada una/o tenemos nuestra propia misión:

- En el cuerpo somos partes; en el pueblo de Dios somos miembros; en el Templo de Dios somos piedras vivas; en la Familia Eclesial somos hijos e hijas; en la Iglesia tenemos el derecho-deber de evangelizar a todo el mundo.
- Llamados a ser signo de la presencia y la acción de Dios.

- Vivimos en comunidades eclesiales vivas, dinámicas y misioneras.
- Llamados a ser instrumentos, misioneros, de Jesucristo para comunicar su verdad, su amor y su vida nueva.
- Somos evangelizadores y animadores misioneros.
- Estamos llamados a dar un especial impulso a la misión Ad gentes, para que la Buena Nueva del Reino de Dios se extienda por todas partes.



Nuestra misión en el corazón de la Iglesia como Hermanitas del Evangelio, que nos alimentamos además del Evangelio de la espiritualidad del Hno. Carlos de Foucauld, sigue siendo la misma de toda la Iglesia: Gritar el Evangelio con toda nuestra vida e yendo hasta donde Dios nos envié para que el Evangelio sea conocido; solo que con una espiritualidad y maneras propias.

Misioneras contemplativas-activas en el corazón de la masa (mundo). Viviendo desde la sencillez de Nazaret nuestro don total a Dios y a su pueblo.


Tú que lees estas líneas: ¿te sientes llamada a una vida misionera?

NO tengas miedo y Contactamos… cuando Dios llama da también da la Gracia.


Hnita. Iris Micelín Ramírez León.