"Las solicitaciones son numerosas y nuestra fraternidad
parece un cruce o lugar de encuentro"

Hermanita Vanessa de misión en Madagascar

Hermanita Vanessa (salvadoreña) después de su noviciado, ha estado 3 años de misión en Madagascar.

Ella nos comparte lo que vive la fraternidad de Antsirabe y lo que ella vivió personalmente durante este tiempo en medio de este pueblo. Intentando hacer presente el carisma del Hno. Carlos de Foucauld.


« … Para tener una idea exacta de mi vida, hay que saber que llaman a mi puerta por lo menos diez veces por hora, más bien más que menos, pobres, enfermos, viajeros, de suerte que, con mucha paz, tengo mucho movimiento”

(Carlos de Foucauld 30/09/1901)


Muchas veces, nosotras también podemos decir lo mismo, las solicitaciones son numerosas y nuestra fraternidad parece un cruce o lugar de encuentro para personas de todo tipo:

 


Algunos muy pobres, otros muy acomodados, unos enfermos y otros que donan medicamentos, ex –prisioneros o prisioneros acompañados de guardias (debido a nuestro compromiso en la capellanía de cárceles), extranjeros, gente del país, personas que solicitan ayuda y personas que quieren ayudar… en medio de todo eso hay que estar disponibles y ser flexibles. Algunas veces una hermana puede pasar horas escuchando a alguien ¡aunque tenga muchas cosas que hacer! La gente es más importante.


“Quiero acostumbrar a todos los habitantes, cristianos, musulmanes, judíos e idólatras, a mirarme como su hermano, hermanos universal”

(Carlos de Foucauld, AOS,p.39)

“¿Por qué estas personas vienen todo el tiempo?” era una pregunta que yo misma me hacía desde el comienzo, con el tiempo y la ayuda de mis hermanas, comprendí que lo importante es que lleguen a nuestra casa, que ellos saben que pueden contar con nosotras porque nos consideran sus hermanas.
Eso no se logra con un esfuerzo personal sino con la gracia de Dios, con el amor…Cuando uno parte a una misión lejana, es posible hacerse muchas ilusiones sobre la inculturación y la manera con la cual uno se posicionará ante un pueblo, pero es estando ya en el lugar que experimentamos verdaderamente quienes somos ante una nueva realidad… Tanto nos podemos maravillar con muchos aspectos de la cultura como nos podemos contrariar y hasta chocar por otros. Es cuando comenzamos a decirnos que nos gusta estar ahí “porque…” y “a pesar de que…” que comenzamos a volvernos hermanas de un pueblo, porque hemos comenzado a amarlo.