“La voz de Dios es más fuerte
que mi propio proyecto que traía en hombros ”

El 3 de noviembre 2014, día en que celebramos la memoria de San Martin de Porres, en la Fraternidad de Nuevo Cuscatlán,  pronunció sus primeros votos la Hermanita Zussel Mariela Guerra (peruana). Ella misma nos comparte algo de su experiencia de relación con Dios.

Los textos de la fiesta de San Martín de Porres que desde ya celebramos esta tarde, resumen muy bien lo que la Palabra de Dios ha hecho en mí a lo largo de los años, por eso deseo, sobre todo, compartirles lo que estos textos me hablan y dicen al corazón.


“Las has revelado a la gente sencilla”: En mi vida fueron los pequeños los que me revelaron el rostro de Dios. La gente del campo, en Bolivia, me evangelizó. Aprendí a descubrir el rostro de Dios en aquellos rostros cuya única y principal riqueza es el Señor. Aprendí con ellos a poner mi confianza sólo en Dios y a dejarlo todo en sus manos, a gozar de lo bello y lo simple de la vida.

Ellos me descubrieron el Nazaret que hasta hoy me interpela y deseo asumirlo para siempre con el “sí” que mañana pronunciaré.

“Romper las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libres a los oprimidos y romper toda clase de yugo” (Is. 58,6-11 /1º lectura)
: Es lo que vino a proclamar el mismo Jesús en la sinagoga de Nazaret y resume muy bien una parte del mensaje del Reino. En mí fueron estos valores los que me movieron a dejarlo todo hace 16 años (1998) cuando observé la injusticia en que vivía mi pueblo y tantos otros de la América Latina. La situación de pobreza en que se sumergían a causa de los que los oprimían, me escandalizó y me interpeló hasta el punto de no querer pensar más en mí sino en aquellos que me llamaban y me invitaban a dejarlo todo por el Reino. La voz de Dios fue más fuerte que mi propio proyecto que traía en hombros.


“Aprendan de Mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt.11,25-30/Evangelio): Fue todo un proceso que duró años, para descubrir cómo podía entregar mi vida consagrada a Él de la manera cómo Él me pedía, cómo poder hacerla fecunda en medio de los pobres, y descubrí que no era sino solidarizándome con ellos. Al punto de vivir en lo posible (porque nunca será totalmente) su propia condición de pobreza y sencillez, sin hacer distinciones que marcaran diferencias y barreras entre nosotros.

En ese momento supe que aquello que los pobres me descubrieron y fueron tejiendo en mí, tenía un nombre: Nazaret. No estuve sola para descubrirlo, hubo personas que Dios puso en mi camino y que me ayudaron a descubrir este segundo llamado del Señor.

En mi búsqueda entendí que la humildad de Jesús va ligada a su vida de pobreza. Un corazón humilde es un corazón de pobre, de aquellos que ponen su confianza en Dios porque es el absoluto de sus vidas, como lo fue para el Hermano Carlos, de aquellos que caminan en el amor, se comprometen con la realidad y que están bien arraigados en su tierra.

El Himno al Amor (1 Cor. 12,31-13,13 /2º lectura) creo que es precisamente eso: Un himno a la humildad.

Dios ha continuado a lo largo de estos años, a querer llevarme por este itinerario de humildad porque Él sabe bien que me hace falta, sabe cómo cada día caigo y me aparto de ella. Por eso el Salmo 1 que mañana proclamaremos, es un grito al Dios que es Palabra y por tanto semilla fecunda que nos toca sembrar. Este “murmuro tu ley día y noche” es lo que deseo pedir al Señor junto con ustedes: Ansiar su palabra cada día, meditarla, llenarme de ella para poder proclamarla con mi propia vida. Sólo así podré configurarme a Él.

Y bueno no puedo dejar de mencionar a Martín de Porres (1579-1639), que supo arraigarse en su tierra, la tierra de los pobres de Lima, y por eso caminó juntos con ellos, se hizo uno de ellos, vivió pobre y por eso a Él le fue revelado los secretos del Misterio de Dios. Su corazón se asemejó al de su Maestro, vivió a tal punto la humildad que se dejó llamar: “perro mulato”, sin emitir palabra contestataria, guardando silencio como su Maestro. Martín es un buen compañero de ruta para quien desea vivir este itinerario de humildad. A Él confío mi vida y la vocación del Nazaret, a la cual Dios ha tenido a bien llamarme.


Hermanita Zussel