Haciendo camino y encuentro

… tras las huellas de Jesús de Nazareth

Zussel, una joven del Perú, viv 15 meses en la fraternidad de Nuevo Cuscatlan (El Salvador). Nos comparte sus experiencias :

El compartir con el pueblo desde el trabajo sencillo, me llenó el corazón. Tres veces por semana ayudaba a la señora Blanca y luego a Anita, en la limpieza de la parroquia (templo, salones, baños, plaza, cancha deportiva).

Estos momentos me ayudaron a escuchar el sentir de la gente. Yo provengo de la cultura Inca, es decir de una raza indígena quechua hablante, duramente golpeada durante el periodo de la conquista. Conocer a través del pueblo, la historia salvadoreña, me hizo recordar nuevamente la dureza de este pasado, porque aquí, peor aún, se exterminó la raza indígena autóctona.
Zussel con algunas mujeres de la parroquia

En mi país: Perú, aunque no hubo exterminio hasta ese extremo, la civilización postmoderna con su sistema neoliberal pone en riesgo actualmente su desaparición. Uno se sensibiliza con el sufrimiento de la gente, más aún cuando comparte esta misma realidad.
Pero hubo algo más profundo que me hizo valorar su historia. El camino martirial de la gente durante los tiempos del conflicto armado. Personajes que marcaron la historia y que son un legado para nuestra América de los pequeños y pobres, que en mi país también murieron en cantidad, durante los tiempos del terrorismo. Celebrar con el pueblo a estos hombres y mujeres me preparó para los que vendría luego: darme cuenta de una realidad dura de violencia, de muerte, de temor, que amedrenta a la gente pero la hace vivir confiada en las manos de Dios, pues no sabe si seguirá viviendo el día de mañana. Descubrir a las "maras" como un grupo que controla a la Nación, es triste y nos hace caer en la impotencia... ¿Qué hacer con tanto joven, en su mayoría, anclado en este círculo de muerte?

A pesar de la violencia en que se vive, en El Salvador se festeja la vida.
Fue una gracia participar de los festejos por el 30 aniversario de la muerte y resurrección de Monseñor Romero. Su figura es recordada y valorada por el mismo pueblo. Aquí en Nuevo Cuscatlán, por la gente sencilla y humilde, que cada sábado por la noche pude acompañar en las asambleas de Altos y Zamora, reunidas en CEBs. En el compartir de la Palabra, uno descubre cómo Dios va pasando por nuestras vidas y cómo nos llama a comprometernos en comunidad.
La tumba de Monseñor Romero

Éste fue el segundo lugar donde escuché el sentir del pueblo y pude sentirme una con ellos (as) porque realmente Dios habla a través de la voz de los pobres y sencillos.


Mi tercer encuentro con este pueblo amado de El Salvador, fue cuando las Hermanitas me propusieron colaborar en la Pastoral Juvenil (PJ). Al hacerlo, no me imaginé que me involucraría tanto en ella, que terminé por dejar de lado los "tiempos personales"…nuevamente el "acoger" y el "renunciar" de la mano. La PJ fue un servicio que me permitió conocer el mundo de los adolescentes y jóvenes salvadoreños.
El grupo juvenil

De esto hay mucho por compartir, sería interminable: momentos de alegría, de trabajo conjunto, también de tristezas y frustraciones, pero sobre todo, momentos hermosos de amistad y hermandad. Corazones sedientos de esperanza porque están ávidos de conocer más de su fe y no perderse en asuntos de "mara"…todavía hay quienes buscan algo distinto para sus vidas y que encuentran una posibilidad creciendo en la fe y celebrándola juntos. Pero es un camino que todavía tiene mucho por recorrer. Es el comienzo de algo nuevo que sólo espero se logre con la entrega de todos los que todavía creen en PJ como espacio de contribución para la realización humana y cristiana del joven.

En medio de todos estos "encuentros" me salieron al paso algunos amigos que animaron y siguen animando mi caminar siguiendo a Jesús de Nazareth. Uno de ellos fue Monseñor Romero. Él me ayudó a mirar con ojos de fe lo que viví todo este tiempo: "Todos los que predican a Cristo son voz, pero la voz pasa, los predicadores mueren, Juan Bautista desaparece, solo queda la palabra. La palabra queda y este es el gran consuelo del que predica: mi voz desaparecerá pero mi palabra, que es Cristo, quedará en los corazones que lo hayan querido recoger" (17 dic.1978).

La capilla de la fraternidad Cierto, somos sólo meros instrumentos en las manos de Dios. El es el artífice de todo, y Él sabe cómo conducir lo que ayudamos a sembrar.

San Pablo también fue otro amigo que me ayudó mucho en los momentos difíciles en los que uno no encuentra respue
sta: "Al mismo
tiempo nos sentimos seguros incluso en las tribulaciones, sabiendo que la prueba ejercita la paciencia, que la paciencia nos hace madurar y que la madurez aviva la esperanza, la cual no quedará frustrada, pues ya se nos ha dado el Espíritu Santo, y por Él el amor de Dios se va derramando en nuestros corazones" (Rom. 5,3-5).

No quiero dejar de terminar, sin antes decir que todo este caminar no lo viví sola, lo viví en comunión con las Hermanitas: María Cristina, Gladys, Cristi, Sabina. Primeramente porque fue un servicio a nombre de la fraternidad, pero no fue sólo de nombre, sino que recibí de ellas un testimonio vivo y actual de cómo vivir el Nazareth desde la vida y la misión. Zussel con las hermanitas Maria-Cristina, Sabina y Gladys
Puedo decir por ello que mis momentos de oscuridad se iluminaron cuando fueron puestos en la mesa de la fraternidad, se hicieron oración y se pudieron así ofrecer como el Pan de la Eucaristía que se parte para la vida de todos(as) nosotros(as). Y para hacer honor a su pequeñez y al deseo que tenía de ser siempre el último, la presencia del amigo y hermano universal, Carlos de Foucauld, me ayudó desde su incesante búsqueda de Dios y de simplemente hacer conocer el amor de Dios a todos (as): "El Evangelio me demostró que era necesario encerrarlo todo en el amor"…"Nuestra religión es toda caridad, todo fraternidad…su emblema es un corazón".

Zussel


Después de estos meses, Zussel empezó su postulantado, la primera etapa de formación como religiosa.